El cofre

Antiguamente en estas cajas, con tapa y cerradura, se guardaban las cosas de valor. Si habéis abierto la cerradura de este cofre probablemente no encontréis nada de mucha valía. En él sólo hallareis mis escritos eróticos. Unos ciertos otros inventados. Pero todos creados con el mismo propósito: despertar el deseo y, quizá, la lujuria de nuestros sentidos.







viernes, 1 de julio de 2011

El erotismo tiene forma de pecho


Nada me place más que observar con detenimientos los pechos femeninos. Sin pudor, sin verguenza, gozar de su visión con detalle. Escrutar entre la ropa, imaginar sus formas, pensar en sus pezones y en sus areolas. Asomarme a los escotes, atravesar los sujetadores.


Desnudos, cubiertos, ocultos, expuestos, excitados, duros, erizados...



Duros, blandos, caídos, enhiestos, rectos, curvos...



jueves, 23 de junio de 2011

Noche bruja


Esta noche es la noche de San Juan, la noche bruja del año. La más larga, la más apasionada. No dejéis de disfrutar todos de la arena, del mar, de la sal, de las fogatas, de las estrellas, disfrutad esta noche, disfrutad cada noche, disfrutad cada día.

martes, 7 de junio de 2011

Brindemos!!

Hoy os ofrezco esta copa para que la cojáis y si queréis la alcéis para brindar, pues por fin tengo un micro relato acabado. Espero que su lectura pueda produciros tanta satisfacción como os produciría, de seguro, beber este maravillosa copa de cóctel. El viernes estará disponible en este cofre lleno de fantasía, de deseo y también de veracidad.

viernes, 27 de mayo de 2011

Un acto de constricción

Hoy al regresar a mi blog he sentido un sincero sonrojo. Durante todo este tiempo que ha permanecido silencioso e inerte las visitas han seguido aumentando progresivamente y, sorprendentemente, también el número de seguidores. Ya son tres!! Me maravilla que la gente no abandone este pequeño cofre solitario y descuidado, por eso, hoy he decidido hacer un nuevo acto de contricción.
La imagen compungida de esta ferviente creyente me guiará a través de mi prueba de fe que consistirá en reiniciar la escritura erótica. Pero para que el blog sea más activo y no transcurra tanto tiempo entre texto y texto, lo que haré, mejor dicho, lo que escribiré, serán microrelatos, eso sí, siempre de un alto contenido sexual o erótico.
Ahora debo dejaros pues es mi obligación como buen samaritano acompañar a esta afligida pecadora al reclinatorio. Un beso y muchas gracias por estar aquí... de verdad, gracias.


miércoles, 6 de abril de 2011

Simplemente una foto

Subo una foto que me agrada porque no tengo letras preparadas, me gustaría tenerlas para ofrecerlas a los visitantes que las esperan, disculpadme

martes, 15 de febrero de 2011

Maitresse


Sé que muchos de los visitantes de este blog sois aficionados y practicantes del bdsm por eso hoy he seleccionado un párrafo de una obra que versa sobre el mundo de la dominación con una fuerte carga sadomasoquista. Quizá sea poco conocida pero sin duda es turbadora. El propio título ya nos lo indica: El ama. Memorias de una dominadora. En él podréis leer los testimonios y experiencias reales de una famosísima Dómina francesa.
Si el párrafo despierta vuestro interés o deseo de más, encontraréis una reseña completa de la obra y de su autora picando sobre su nombre.


¿Quién es? ¿Qué quiere? ¿Chantaje? ¿Intento de extorsión? ¿Me confunde con su pareja de baile? ¿Con su puta madre? Después de mirar cómo Rasta, impasible, me insultaba a gritos, de pronto me cansé. Le solté una de las bofetadas más sonoras de mi vida; se quedó mudo, una bomba histérica a punto de estallar.
—¡Desnúdate! —le dije.
Comenzó a desnudarse con torpeza.
—¡Más aprisa, perro negrata! Voy a partirte tu culo podrido. Y suelta la pasta, ahí, en el suelo, a mis pies. Alguna vez habrás hecho de gigoló, con tu gruesa polla, pero aquí sólo eres un puto maquillado que me trae lo que ha ganado callejeando, ¿entendido? De rodillas, y repite conmigo: «Soy su esclavo, su esclavo negro, y usted, ¡usted es la diosa blanca!». Sí, tú eres el negrito, trabajas para mí en la plantación, ¡y te azotaré si trabajas mal! Repite: «Soy sucio por naturaleza»…
Rasta repetía. Se le desorbitaban los ojos de placer.
—¿Te has visto la polla, Rasta? Es gorda, sí; podría servir… —me acerqué a su oreja vociferando—, ¡para encular a mis esclavos blancos! Voy a venderte a los esclavos blancos, Rasta. ¡Ah, te has atrevido a insultar a una diosa! Lo pagarás caro, larva hedionda, invertebrado, oruga de mierda, sub-raza reptante. No paraba de abofetearle, de escupirle a la cara, y a Rasta se le empinaba como un loco. Sin embargo, ni siquiera le había rozado el sexo. Tenía un cuerpo escultural; las gotas de sudor se deslizaban por su piel como perlas brillantes. De rodillas, con las manos a la espalda, Rasta se bebía mis palabras. Yo veía sus ojos de bronce desorbitados, lacrimosos…
—Tu boca, Rasta, es como un cubo de basura dispuesto a engullir mis calientes meadas, mis mierdas…
Yo hablaba como una máquina programada. Rasta seguía postrado a mis pies, prosternado. Pedía más. Estaba colgado, como un muerto de hambre, de mis palabras, de mis gestos, del látigo. Todo le excitaba. Quería disfrutar, disfrutar hasta reventar, quería… Decía: «Al fin he encontrado a mi Ama, usted es el Ama…».
Yo estaba trastornada por ese masoquismo eléctrico. Poco a poco, los efectos de la turbación se invertían: «Las perras blancas sólo piensan en la polla gorda del negro».
Reconozco que Rasta poseía un sexo increíble. Antiguas fantasías me cruzaban por la mente: viajes en los que J. P. hacía que me violara un negro. Un black master. Ese día me contenté con el garañón, manteniendo el estereotipo de ama. Rasta se quedó en ayunas.
—Acércate, animal hediondo, gusano injodible —la verdad es que se hunden no bien les dices que son injodibles—. A ver, déjame tocar esa polla que las vuelve locas… ¡No parece nada del otro mundo! ¡Estoy segura de que eres incapaz de hacer que me corra!

El ama. Memorias de una dominadora
Foucalt, Annick

viernes, 11 de febrero de 2011

Qué agradable sorpresa

Hoy, por casualidad, he comprobado las estadísticas de visitas realizadas a este cofre voluptuoso y con gran sorpresa por mi parte he descubierto que más de la mitad proceden de multitud de países de Sur y Centroamérica, unos grandes otros pequeños, algunos diminutos... ¡maravilloso y no menos increíble!
En agradecimiento a todos ellos, os cuelgo esta foto que espero que os guste tanto como a mí, un fuerte abrazo

martes, 8 de febrero de 2011

El fino trazado del erotismo


El erotismo más lascivo sólo puede ser trazado con la suavidad de las líneas descendentes.

En homenaje a las mujeres que lucen con orgullo la curva natural de sus pechos. A las mujeres que permiten que contemplemos esa caída tan arrebatadoramente sensual y fuente de infinitos pensamientos.

jueves, 27 de enero de 2011

En lo alto del almendro (IV parte)




Bajé los peldaños de madera que conducían a la bodega, dí al interruptor y cuatro bombillas cubiertas de polvo se encendieron para iluminar con dificultad la estancia. Pensé que poco podría limpiar con esa luz. Avancé unos pasos y contemplé los enormes botelleros apoyados contra las paredes, las barricas alineadas sobre soportes de hierro, las vigas largas y gruesas a poca distancia de mi cabeza y el suelo de tablones. Nunca antes había entrado en la bodega, de hecho siempre estaba cerrada y sólo el señor disponía de la llave. Era un lugar oscuro y húmedo, con paredes de piedra vieja y musgosa con un fuerte olor a liquen y a madera carcomida. Los peldaños de la escalera crujieron detrás de mí, me giré y vi aparecer al señor manteniendo la copa en la mano.
Aquí guardo las mejores botellas de brandy, dijo tirando del cuello de una de las botellas. ¿Te gusta el brandy, Remedios? Pruébelo.
No creo que deba antes de limpiar, aquí hay mucho trabajo. Olvídese de limpiar y beba esto, rogó mientras me ofrecía su propia copa recién servida. Dudé. Insistió. El calor del líquido atravesó la garganta y se acurrucó en mi interior. Me produjo una sensación cálida y de bienestar. Sorbí de nuevo. Me quitó la copa de las manos y me la devolvió de nuevo bien llena. ¿Le gusta? Sí, es muy bueno, el que bebía Jonás quemaba la boca pero éste no. Parece que compartimos gustos, ¿no le parece Remedios? No creo señor, respondí con sinceridad pues no podía ni imaginar que pudiéramos compartir gusto alguno. A usted también le gusta el bdsm, ¿verdad? No dije nada pues no sabía de qué me hablaba, guardé silencio confusa. Fue un error, pues lo interpretó como una afirmación. ¿Cuánto hace que lo practica? ¿Practicar el qué? me preguntaba a mí misma. Me excitaron muchos sus marcas en los pechos Remedios, continuó. De golpe, como un tortazo, lo entendí todo. No debe avergonzarse, dijo al verme paralizada por la vergüenza y roja como una granada, el placer obtenido a través del castigo es de los placeres más sutiles y satisfactorios que existen, tanto para quien lo aplica como para quien lo recibe. Y siguió hablando y contando cosas de castigos, de instrumentos de castigo, de lo placenteras que pueden ser las cuerdas, del dolor provocado en los pezones… no dejaba de hablar y cada palabra producía un deseo cada vez mayor, no tardé en sentir mi vagina húmeda, luego las bragas, no podía contener mi flujo. Mientras hablaba se había acercado y con su mano izquierda intentó bajar un tirante del vestido. Retrocedí instintivamente. Temí lo que pudiera hacerme, y lo temía porque lo deseaba.

viernes, 24 de septiembre de 2010

¿Hay alguien ahí?



Si hay alguien le pido mis más sinceras disculpas por este abandono temporal. Por esa lectora, que quizá espere, debo finalizar el relato. Y lo haré. Me obligaré y lo haré en breve. Pero entended que es difícil escribir para el silencio.

martes, 24 de agosto de 2010

El contramayoral



A la espera de la IV parte de "En lo alto del almendro" hoy he colgado un relato que escribí hace tiempo. No es erótico, por ese motivo he creado una página con su título: "El contramayoral". Lo encontraréis en el menú, en la parte izquierda de la pantalla. He pensado que el blog es un buen sitio para él, mejor aquí que en una carpeta de mi ordenador. Me gustaría saber vuestra opinión si decidís leerlo, pues es un relato al cual tengo un especial afecto. Gracias y feliz lectura.

jueves, 12 de agosto de 2010

En lo alto del almendro (III parte)

Bueno, por fin ya está aquí la tercera parte del relato. Si no hay ningún cambio queda pendiente una última entrega. Como siempre digo, espero que os guste tanto leerla como a mi escribirla. Ahh, no quiero olvidarme de dar las gracias a todas las nuevas lectoras por leerme y por ser tan amables en sus comentarios respecto a este cofre que es el de todos los que sentimos pasión por los sentidos. Un beso a todas.





Durante días tuve remordimientos y una profunda preocupación. Ya no tenía dudas: estaba enferma. Me avergoncé, también me preocupé y decidí no hacerlo más. Pero cada noche al pellizcarme añoraba la quemazón que me produjo la rama y debía reprimir la voluntad de salir a por una. Intentaba no pensar y no desear y me reprendía cuando sucedía; y cuanto mayor era el esfuerzo por alejar de mi mente esos pensamientos más presente era el deseo. Y esa lucha era algo horrible y desesperante que provocaba que por las noches no pudiera conciliar el sueño presa de una voluptuosidad incontrolable. Al fin sucedió lo que debía suceder: volví a la leñera y cogí del rincón de la esquina la rama que con toda maldad había tallado hasta convertirla en vara.
Tantos días de continencia y represión provocaron un castigo tan cruel como placentero. Esta vez no me limité a mi vientre; mis pechos y mis nalgas también fueron azotados con pasión. Comprobé que si conseguía que la vara impactase de lleno en mis carnes era mucho más placentero y en esas ocasiones, casi automáticamente, aparecía una fina línea roja sobre la piel blanca. Y por increíble que pueda parecer cuantas más líneas veía trazadas sobre mi cuerpo, mayor número deseaba y redoblaba mi ímpetu para conseguirlas. Con el sexo y los muslos empapados por mi líquido transparente y tibio, las nalgas calientes como ascuas y mi pecho izquierdo (pues no conseguía impactar con certeza en el derecho) surcado como un campo recién arado caí extenuada sobre la cama.
Varios días después, en la casa de los señores, y convencida que toda la familia había ido de compras al pueblo entré en el despacho privado del señor, pues sólo en su ausencia se me permitía limpiar esa habitación. Al abrir la puerta lo primero que vi fue al señor, sentado detrás del escritorio, mirando unos papeles. Tan sorprendida quedé que no sabía si cerrar la puerta sin decir nada y retirarme, si entrar, si hablar… al final, recuerdo que dije: “Perdone, pensé no estaba. Ya limpiaré en otro momento, siento haberle interrumpido”. “Da igual, no te preocupes, puedes limpiar. Pero hazlo en silencio Remedios”. “Sí señor”.
Poco a poco empecé a limpiar con mucha cautela. Recuerdo la incomodidad que sentía, ya fuera por su presencia o por el silencio empalagoso que nos separaba. Fui tranquilizándome y mis movimientos adquirieron mayor brío. Mientras trabajaba olía el aroma de su puro, un olor suave y agradable, a frutos tostados, a hojas quemadas. A pesar de la presencia del señor y de sentirme observada aumenté la intensidad. Inclinada sobre la fregona me desplazaba de un lado a otro sin percibir que mi bata estaba algo desabrochada y que con los movimientos de los brazos la parte superior de mis pechos eran completamente visibles.
El silencio se rompió por la educada y sonora voz del señor que retumbó en el despacho como el trueno que precede a la tormenta:
-Remedios, acérquese un momento.
Sorprendida obedecí con pasos cortos hasta pararme frente a él observando ascender la delgada línea gris del humo del cigarro.
-¿Se ha hecho daño?
Creo que en ese momento mi estómago dio un vuelco de ciento ochenta grados, o eso sentí. No respondí, pues no estaba segura de entender la pregunta. Al ver mi azoramiento se levantó, estiró el brazo por encima del escritorio y separó ligeramente las puntas de la bata con una seguridad que nunca imaginé. La bata se abrió y por encima del sujetador, en el pecho izquierdo, destacaban varias marcas no muy profundas, lineales, del color del vino tinto. Al verlas enrojecí como una fresa. Y el señor, sin soltar el vestido, no dejaba de escrutar las heridas. Dí unos pasos hacia atrás y desprendió la mano, “trabajando en mi huerto”, me apresuré a responder y sin esperar a que volviera a preguntar recogí el cubo, la fregona, los trapos y salí huyendo.
Durante días maldije mi estupidez por haberme descuidado de esa manera y cada día esperaba que el señor me comunicara que ya no me necesitaban. Durante ese tiempo volví a guardar la vara en la leñera.
Una tarde finalizada mi jornada estaba plantando en mi huerto cuando un mozito a su servicio vino para comunicarme que debía ir enseguida.
Temerosa ante el aviso y augurando mi despido me lavé la cara, los brazos, aseé el pelo, cambié mis zapatos embarrados y partí deprisa.
Encontré al señor sentado en la butaca del comedor; yo estaba nerviosa y él, relajado, sostenía una copa de brandy en la mano y fumaba uno de sus cigarros. Me había mandado llamar porque quería saber si podía limpiar la bodega esa misma tarde pues mañana recibía invitados y quería mostrarla. Ante mi silencio, fruto del sosiego producido por la petición, el señor insistió preguntando si podía adecentarla aunque sólo fuera un poco, y lo hizo con una mirada que nunca antes había visto. Sus pequeños ojos brillaban como los de un gato en la oscuridad y recorrían mi cuerpo de arriba abajo, sin prisa y con bastante descaro. Me avergoncé porque me sentí completamente desnuda delante de él y tuve la seguridad que mi vestido gastado y algo sucio no ocultaba nada a su mirada. Ruborizada y deseosa por proteger mi desnudez, respondí que ahora mismo empezaba.

jueves, 5 de agosto de 2010

En breve


Hoy he encontrado esta maravillosa foto y enseguida me ha recordado las maravillosas nalgas de Remedios. Pues así son las suyas: bien formadas, con líneas gruesas y poderosas, carnosas, de piel blanca que reclaman atención. Y entonces he caído en la cuenta que aun no sabéis nada de sus encantadoras posaderas; lo siento, os aseguro que en breve estará la tercera parte -no la última- del relato para todos los que lo siguen (a pesar de que las entregas lleguen tan espaciadas unas de otras; lo sé) Mientras, espero que esta imagen os despierte muchas y variadas sensaciones. Un beso