El cofre

Antiguamente en estas cajas, con tapa y cerradura, se guardaban las cosas de valor. Si habéis abierto la cerradura de este cofre probablemente no encontréis nada de mucha valía. En él sólo hallareis mis escritos eróticos. Unos ciertos otros inventados. Pero todos creados con el mismo propósito: despertar el deseo y, quizá, la lujuria de nuestros sentidos.







martes, 27 de abril de 2010

La joven condesa Florentine (III parte)

Aquí está la tercera y penúltima parte del relato. En unos días tendréis el desenlace final. Saludos.


Cuando entró en las caballerizas los mozos de cuadra formaban un corro que se deshizo ante su presencia y apareció Pierre sentado, sin la casaca, en un taburete. Vestía una camisa blanca con botonadura dorada y de la boca de su manga izquierda sobresalía, en vez de la mano, un reluciente gancho de hierro. Inmediatamente Pierre se puso en pie y preguntó con su poderosa voz:
--¿Qué caballo desea la condesa que le ensille?
Ante unos segundos de duda la juvenil voz de la condesa respondió:
--Un potro joven.
Mientras un criado sujetaba al potro por la brida, Pierre le puso una preciosa mantilla con el blasón de la condesa sobre los lomos negros y poderosos; después, agarró la silla por el arzón y con el brazo derecho la colocó con esfuerzo sobre la bestia, jadeó, apretó los dientes, observó con desprecio la mancha roja que empezaba a extenderse a la altura del hombro izquierdo y empezó a apretar las cinchas a una mano con sorprendente rapidez y habilidad.
--Estás sangrando –advirtió con su cálida voz.
--No es importante condesa, las heridas pronto cicatrizarán.
--Quítate la camisa y deja que las vea.
Pierre obedeció y descubrió un prieto vendaje que cubría gran parte del amplio torso. La joven condesa se acercó y quitó el vendaje ensuciándose sus manos con la sangre y con una segregación maloliente de un color parecido al de la miel. Un tajo largo y profundo cruzaba el hombro y parte del pecho.
--¿Un sable? –preguntó recorriendo con los dedos la herida abierta.
El tacto pastoso de la sangre caliente que brotaba entre las puntadas de hilo, los latidos acelerados del corazón de Pierre y el calor de su piel velluda asfixiaban a la joven condesa provocando una pegajosa humedad entre sus labios.
--Estas heridas necesitan limpiarse y cambiarles el vendaje. Te mandaré una criada para que te haga una cura diaria –y diciendo esto la joven condesa montó, azuzó al potro y salió galopando de las cuadras hasta alcanzar los prados.
Florentine descabalgó de un salto y rodó sobre la hierba quedando boca arriba. Se levantó el vestido por encima del ombligo y con la mano manchada de sangre de Pierre se frotó los labios hasta inflarlos como nunca antes. Adquirieron el tamaño de dos gajos de mandarina, y al pincharlos con sus uñas derramaron todo su jugo en el interior de sus muslos.
Anochecía cuando la joven condesa paseaba cerca de las caballerizas y creyó oír un quejido. Escuchó. Risas apagadas y una voz femenina llegaban del interior. Avanzó por el pasillo central hacia la luz que surgía de la última cuadra. Una linterna pendida de un clavo alumbraba a la rolliza criada asignada al cuidado de las heridas de Pierre. La joven condesa se ocultó entre los múltiples arreos de los caballos y el olor de la piel, el cuero, la grasa empezó a impregnarla. La criada estaba tumbada sobre el heno, con su gorro desplazado, resollando mientras tiraba de unos pezones gordos y largos como cacahuetes. Mantenía puesta la falda y del interior de sus enaguas sobresalía el cuerpo desnudo de Pierre. Podía ver sus nalgas endurecidas y sus testículos formando una bolsa compacta, colgante y llena como la de los potros. Un brillo metálico centró su atención. Era el gancho, deliciosamente curvado, puntiagudo como sus espuelas, salvaje. La joven condesa apoyó la espalda contra la fría piedra de la pared, húmeda, temblorosa hasta que con el estallido de la criada huyó buscando la intimidad de sus aposentos.

1 comentario:

  1. Es fantástico el cómo lo haces.

    Se puede ver y oler durante todo el relato.

    La sangre, los caballos, el deseo....... simplemente maravilloso.

    Y deseando la siguiente entrega, como siempre

    Un saludo y gracias

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